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MÉXICO, SIGO CREYENDO EN TI

MÉXICO, SIGO CREYENDO EN TI
Por: José Sulaimán
26 de Agosto de 2012

Hoy me atrevo a meterme en camisa de once varas, porque pienso que a estas alturas ya pasé la barrera del tiempo. A los 10 años de edad ya había vivido en cinco diferentes ciudades: mi tierra natal Ciudad Victoria, el gran puerto de Tampico; el bello pueblito de Jaumave, enclavado en la sierra en Tamaulipas; luego Monterrey y finalmente Ciudad Valles, la Perla de la Huasteca Potosina. Parece que eso enmarcaría mi vida, porque ya he conocido más de 120 países en los cinco continentes. Me decía mi madre que cuando me estaba dando a luz en nuestra casa, en la calle Hidalgo esquina con la 13, le estaban cantando las mañanitas a una vecina. Despierta mi bien, despierta, mira que ya amaneció… Y yo nací.

Recuerdo que en Jaumave, ese pueblito inolvidable para mí, no había luz. Se usaban quinqués y la música salía de un tocadiscos de cuerda RCA Víctor. La cocina era con sartenes sobre piedra o ladrillos, la manteca era de cerdo y se comía en platos de barro. La leche era traída a la casa por ahí de las 5 de la mañana por una persona en un burro. Radios había pocos, y todos eran de baterías. Mi papá y yo escuchamos en un radio de onda corta la pelea de Joe Louis y el alemán Max Schmelling. Fue mi primera incursión por el boxeo y fue con gritos y saltos de mi papá porque ganó Louis. Fui testigo de la última etapa de la revolución mexicana cuando se levantó el general Saturnino Cedillo contra el presidente Lázaro Cárdenas. Una vez los revolucionarios detuvieron el camión de mi padre, que vendía y compraba granos, aves y lo que fuera, y nos agarraron a balazos. Mi padre me metió abajo de sus piernas y solo oía los tiros. Ya en Monterrey con mis abuelitos, que solo me hablaban en árabe, recuerdo haber visto un póster pegado en una pared cerca del río con publicidad del general Manuel Ávila Camacho, en donde decía que era católico y pedía al pueblo que le tuvieran confianza y votaran por él para Presidente de México. Nunca lo he olvidado.

México era entonces solo poblados pequeños y hasta la gran ciudad de Monterrey era todavía pequeña. Con esos recuerdos inolvidables de mi infancia empecé la vida. Me ha tocado atestiguar a todos los presidentes de México desde el general Lázaro Cárdenas hasta Don Felipe Calderón. En ese respecto, mis héroes han sido los mandatarios Miguel Alemán y Adolfo López Mateos, quizá porque son los únicos en la historia que han ayudado firmemente al boxeo. También recuerdo al presidente López Portillo, quien fue una gran persona conmigo.

Del México de mi infancia, que viví a fondo, al México actual, hay una enorme diferencia. El México de ahora se levanta como el sueño latinoamericano y un país en desarrollo que se toma como del primer mundo, con esta capital que es orgullo de todos. He estado por tantos años en la máquina del tiempo y he visto la historia de mi patria desde los últimos estallidos de la revolución, que ya no me cocino al primer hervor. He visto aquel México del ayer de las casas modestas y caminos de tierra. De los pupitres de madera sin pulir. De aquel México del pasado que por sus limitantes educativos, me hizo buscar mi educación escolar en el extranjero. Lo he visto todo, absolutamente todo.

Con mi máquina del tiempo ya en el 2012, me bajo a encontrarme con quienes no permiten que un partido político, el PRI, tome posesión de la Presidencia de la República. Otros que amenazan con trabajar para sacar a ese partido de la silla presidencial. Y me pregunto: a este México, entonces, ¿quién lo construyó? ¿Se hizo solito? ¿Quién quitó a los extranjeros el petróleo que es nuestro? Las carreteras, las calles, los edificios, las universidades, las industrias… ¿Salieron solitos desde el centro de la tierra? Si nadie responde, tengo que concluir que en mi paso por la vida alguien construyó a este gran México y ese alguien han sido el PRI por muchas décadas y el PAN en los últimos doce años… no ha habido más. Nadie, absolutamente nadie.

Como mis negocios me han dado modestamente para comer y educar a mis hijos, y el deporte me ha dado vida, fe y esperanza, en esta parte del tiempo en el que ya nos queda poco, daría lo que fuera para que todos los mexicanos, sin importar partidos políticos -en todos hay gente buena- nos uniéramos por el amor a México. Con la unidad nace la fuerza y con la fuerza de la unidad se sacará, de las cenizas que han dejado la violencia, a este México histórico que lo ha vencido todo para ser uno de los países más queridos del mundo.

Creo en el presidente electo de México Enrique Peña Nieto. Prometió ayuda total al deporte y sé que lo va a cumplir. Espero que en estos últimos años de mi vida, sentemos los cimientos más fuertes que nunca, para proyectar al boxeo y el deporte en general también, como nunca antes. Que el gobierno le quite al boxeo querido del pueblo, ese papelito de ser “el patito feo del deporte mexicano”, cuando son los boxeadores nacidos en las cunas más humildes, los que le han dado tanta gloria, pasión y orgullo a nuestro país.

Creo también en Miguel Ángel Mancera, el electo Jefe de Gobierno del Distrito Federal, quien ayudará sin duda al deporte de la capital. Creo en los gobernadores de la República, quienes esperamos busquen la unidad nacional como la esperanza para un México de paz y de progreso. De unidad, de espacios deportivos, con los mejores maestros y entrenadores del mundo. Con un deporte que sea masivo, que reciba al apoyo gubernamental, antes solo dado a los deportistas federados. Con directivos y personal que se levante del escritorio. Creo en el México de mis amores, en el que todos podamos disentir en la lucha por nuestros ideales, pero que al final vayamos al centro del ring a darnos un abrazo como lo hacen siempre los boxeadores. El perdedor con dignidad y el vencedor con humildad. Muchas gracias y hasta el próximo domingo.

Click en suljosblog.com para boxeo y en wbcboxing.tv para peleas en vivo.

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